¿Qué nos pasa con el parametricismo?

Es evidente que la programación por ordenador ha supuesto una ayuda inconmensurable en el diseño arquitectónico. Primero como herramienta únicamente de dibujo (omnipresente AutoCAD), después incluso como ayuda proyectual con varios programas que hoy podemos llamar paramétricos.

Ejemplo perfecto y ya más que manido es el de Frank O. Gehry usando CATIA para normalizar sus piezas de titanio en el Guggenheim de Bilbao; sin un marco informático capaz de manejar tal variedad de geometrías complejas (a criterio del lector si arbitrarias o no) esas piezas no habrían podido ser tan regulares y, aunque sólo fuera por ello, un cálculo manual habría resultado económicamente aún más elevado.

Maqueta de trabajo en el proceso de diseño del Guggenheim de Bilbao

Imagen obtenida de la web de Frank O. Gehry Architects

Gehry y Bilbao sirven de introducción por lo conocido del ejemplo, aunque el Parametricismo cuenta con un análisis teórico más profundo. En este texto se analizará la postura de Patrick Schumacher, cabeza actual de ZHA Architects y firme defensor del Parametricismo, tal y como se autodefine en su cuenta de Twitter (architect promoting parametricism).

El estilo unificador del siglo XXI será el parametricismo

Schumacher, Patrik. La autopoiesis de la arquitectura. Architecture Journal, 2011

De este modo, en una entrevista para Architecture Journal en 2010, Schumacher rechaza la humildad de haber escrito el Manifiesto Parametricista tres años antes.

En la misma entrevista considera que el parametricismo “ofrece una respuesta creíble y sostenible a la crisis del Movimiento Moderno, que ha resultado en 25 años de búsqueda estilística”. Un nuevo estilo unificador.

Con textos convincentes ilustrados por imágenes curvilíneas de esta “arquitectura de profundidad visual infinita”[1], Schumacher consigue darle la vuelta a la tortilla del paradigma actual; con un sector que a cada nuevo hit calatraviense parece más alejado del pie de calle, proporciona una vía de salida hacia una nueva arquitectura. Incluso hacia una nueva arquitectura social que anticipe la “inminente superación de la era post-fordista”[2].


Construcción del Centro Heydar Aliyev, en Baku, de ZHA. Se observa la estructura que soporta las placas de cerramiento exterior, calculada en base a delimitaciones de eficiencia paramétrica.

Imagen obtenida de la web de Plataforma Arquitectura

Podría criticársele algo de fanatismo teórico, así como cierto simplismo estructural a la hora de sistematizar todo un proceso de proyecto llamado a fundamentar este siglo (véanse los cinco principios de desarrollo del paradigma paramétrico[3]). Bien es cierto que se trata de un manifiesto lo que Schumacher escribe; se le presupone lo radical. O al menos no se le critica por ello.

El autor aboga por la necesidad de un estilo, entendido como programa de diseño e investigación. Bajo esta premisa podría haber opiniones a favor o en contra, la mayoría perfectamente válidas. El problema no reside en la radicalidad del manifiesto, sino en el cinismo practicante que el propio Schumacher muestra sin pudor alguno.

Propone un diseño paramétrico capaz de “adaptarse a los patrones predominantes de uso”[6]. Un diseño que, gracias al análisis programático de las más variables posibles, consiga definir la forma precisa y óptima de lo que se diseñe.

De este modo ha justificado el carácter social del parametricismo, como el único estilo derivado de la complejidad sociológica actual. En sus propias palabras: “para mí no hay duda de que el parametricismo es la respuesta arquitectónica a la sociedad contemporánea, en términos de funcionalismo técnico y (aún más importante) en términos de funcionalismo social”[4].

¿Es posible encontrar alguna traza de estos axiomas en su arquitectura al frente de ZHA?

Probablemente no; e incluso podría decirse que ni siquiera se puede encontrar rigor en el propio Patrik Schumacher, que parece mucho más preocupado por la cualidad formal del edificio que por el buen uso del mismo.

“Los arquitectos están a cargo de la FORMA del entorno construido, no de su contenido. Tenemos que ceñirnos a esto y trabajar con ello, a pesar de toda la corrección política moralizante que está tratando de paralizarnos con mala conciencia, para limitar nuestras exploraciones […]”[5] Declaraciones como esta dan buena cuenta del nulo interés del autor por la obligación social de la arquitectura.

Es más, Schumacher ha sido una de las voces más críticas en los últimos tiempos acerca del viraje social que, a su juicio, está tomando la arquitectura. Ha criticado duramente concesiones del Pritzker a Sou Fujimoto o, más recientemente, a Alejandro Aravena por fomentar una tendencia social que, en sus palabras: “está marcada por una desafortunada confusión, una mala conciencia y una falta de confianza, vitalidad y valentía respecto de la verdadera contribución de nuestra disciplina al mundo”[6].

Quinta Monroy, Iquique. Alejandro Aravena

Imagen obtenida de la web de El País

No es sólo una postura en cuanto a tendencia arquitectónica, sino que en otras ocasiones se ha pronunciado acerca de cuestiones políticas más cercanas al conservadurismo que difícilmente acompañan a una tesis social. Titulares como “Detengamos la financiación pública de las escuelas de arte”[7] o “El nuevo director de ZHA quiere acabar con el control sobre el planeamiento urbano”[8] son perfectos ejemplos de ello.

En definitiva, Schumacher escribe un manifiesto que, aunque revolucionario en su medida, no es negativo por sí mismo. Cualquier discusión teórica y cultural puede ser espoleta o adalid de nuevos procesos, o simplemente suscitar interés académico. Lo negativo en este caso reside en la doble cara que muestra el autor. Faceta negativa que se ve agravada al ser, para bien o para mal, el principal exponente mediático de la tendencia parametricista actual.

Neil Leach defiende que ante un exceso de información (propio de la cultura contemporánea), la arquitectura puede tender a mostrar menor significado[10]. Un parametricismo entendido bajo la visual de Schumacher corre un peligro parejo; un proceso que es capaz de contemplar infinidad de parámetros acabará vacío de significado si estética prima ante ética.

[1] «Parametricism as Style  – Parametricist Manifesto». Venecia, 2008.

[2] idem

[3] idem

[4] idem

[5]  «STYLE – Aligning Architectural Styles with Societal Epochs». The Architectural Review, 2017.

[6] «Close this Biennale!» Archeyes, 6 de agosto de 2016.

[7]  «The PC takeover of architecture is complete». Facebook, 13 de enero de 2016.

[8] Howarth, Dan. «“Stop all public funding” for arts schools says Patrik Schumacher». Dezeen, 25 de febrero de 2015.

[9] «New Director Of Zaha Hadid Architects Wants An End To City Control Of Planning». The Next Miami, 12 de agosto de 2016.

[10] Leach, Neil. La anestética de la arquitectura. 1o Edición. Barcelona: Gustavo Gili, 2001.


ARTÍCULO ESCRITO Por Antonio Parrilla


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