La relevancia del patrimonio industrial I

Antecedentes históricos de la industria y su configuración en torno a Madrid

El patrimonio industrial es, muy probablemente, junto a las infraestructuras de comunicación, el mayor legado arquitectónico y urbano de las ciudades contemporáneas; la revolución industrial primero, y las distintas olas industrializadoras que han cruzado Europa a lo largo del último siglo, han dado lugar a ese paisaje contemporáneo caracterizado por la actividad productiva y la logística a gran escala. Fruto de este proceso escalonado e imparable, la morfología de las ciudades, especialmente aquellas en las que la industria se ubicó por su interés estratégico y de desarrollo, ha cambiado por completo.

La existencia de enormes áreas industriales en entornos fluviales y nudos de transporte ferroviario primero, y en zonas periféricas después, permite entender la evolución lógica de los emplazamientos productivos en la mayoría de las urbes occidentales[1].

Planta de “Consolidated Edison” en la calle 15, Nueva York. Matteo Catanese

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Pese a ello, algunas ciudades como Madrid han vivido un proceso mucho más rápido debido, en buena medida, a sus propias circunstancias históricas y geográficas. La irrupción de la dictadura y la necesidad franquista por desarrollar una economía autárquica, fácil de controlar y ligada al poder central, convierte a Madrid en una ciudad de marcado desarrollo industrial a partir de los años 50.

Ese interés por generar un tejido industrial que diera abastecimiento al Régimen propició nuevas industrias y áreas de desarrollo en la periferia de la ciudad. Fruto de estas políticas dirigidas a la creación de nuevos polos industriales en todo el país, pero muy especialmente en torno a la capital, se crearán o ampliarán algunas de las primeras fábricas mecanizadas, que, procedentes del primer anillo industrial, situado en torno a los ejes ferroviarios Atocha-Delicias-Estación del Norte (hoy Príncipe Pío), pasarán a instalarse en la periferia, principalmente Sur y Sur-Este, destacando entre otros el barrio de Villaverde como foco de nueva actividad industrial[2].

Esa primera oleada industrializadora, que apostaba por la generación de un tejido productivo -casi inexistente hasta el momento- en torno al poder de la capital, como contrapeso a los núcleos tradicionales de producción situados en Cataluña o País Vasco, tenía mucha más relación con la mera voluntad de crear empresas en torno a Madrid, que por su capacidad competitiva frente a otros emplazamientos peninsulares, muy limitada por las propias características geográficas y de infraestructuras en la España de la posguerra y el aislamiento durante esos primeros años de dictadura.

La paulatina apertura económica, ligada a un mayor reconocimiento internacional del Régimen, y la entrada de capital extranjero, dará paso al “desarrollismo”, consolidando el nuevo cinturón industrial de Madrid como polo de progreso imprescindible para entender el nuevo panorama productivo español. Fruto de esta configuración empresarial, mucho más ligada a la centralidad administrativa e industrial de Madrid, se producirán las grandes oleadas de migraciones internas procedentes en su mayoría de Extremadura, Andalucía y Castilla la Mancha, el denominado “éxodo rural”.

Gráficas superpuestas de la evolución demográfica de Madrid (rojo) y Barcelona (azul)

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Así, la llegada de cientos de miles de personas entre los años 50 y 70 propicia una nueva vía de desarrollo productivo para el país: el sector de la construcción. La necesidad ingente de vivienda en el extrarradio de las grandes capitales, fruto de esas migraciones, dará paso a un auge sin precedentes en la construcción de nuevos “barrios obreros”. De este modo, la deriva económica y productiva iniciada tras la Guerra Civil se consolida con la generación de nuevos desarrollos urbanos que permitirán llegar a duplicar su población en menos de veinte años, frente otras capitales como Barcelona, que, lejos de Madrid, en el mismo periodo, experimentará un aumento de en torno al 35%.

Fruto de esa reconfiguración industrial y demográfica, la ciudad de Madrid absorbe y adapta su estructura urbana a las nuevas necesidades en apenas un cuarto de siglo, dando lugar a muchos de los barrios por los que hoy transitamos a diario. Tras la dictadura, y con la llegada de los gobiernos democráticos, esos barrios serán dotados de servicios públicos y transporte, gracias, en buena medida, a los movimientos vecinales incipientes, mejorando la calidad de vida en lo que hasta entonces habían sido colmenas residenciales.

Mapa de suelo industrial (morado) en Madrid y división del eje imaginario entre zona Nor-Oeste de oficinas y  servicios frente al Sur-Este industrial (residencial poder adquisitivo medio/bajo).

Imagen elaborada por el redactor

Esa repercusión[3] inequívoca de la política económica, y de la industrialización del Sur de la capital es, indiscutiblemente, parte fundamental del patrimonio histórico de la ciudad de Madrid, necesaria para entender su configuración y evolución a lo largo de las últimas décadas, pero también como legado histórico de un periodo que marcó de manera trascendente a la capital y a quienes vivían en ella.

Así, frente a los procesos de transformación que se han realizado en otras regiones de Europa para plantear posibles mejoras en los procesos y estrategias de reconversión de nuestras menguantes áreas industriales, teniendo en cuenta su carácter e historia productivos, la situación en España dista mucho de ese reconocimiento. La mayoría de los nuevos desarrollos no tienen en cuenta la relevancia histórica, pero también social y urbana de esa “memoria del trabajo” [4] tan necesaria para entender cómo son nuestras ciudades hoy, y cómo evolucionarán en el futuro con los nuevos avances tecnológicos e industriales.

Madrid no puede quedarse indiferente a la voracidad destructiva de la inversión inmobiliaria. El legado patrimonial de esa “memoria del trabajo” sigue vigente en muchos de esos barrios que no podrían entenderse sin sus fábricas, y que hoy miran con desolación cómo se derriba una parte fundamental de su historia. Parece necesario así entender las posibilidades y potencialidades de reconversión en estas antiguas zonas productivas, con el objetivo de reconvertirlas en nuevos ejes de actividad y centralidad urbana para las próximas décadas, frente al imparable y destructivo crecimiento del tejido residencial de la periferia.

[1] Especialmente las ciudades europeas y norteamericanas, donde se produce la gran eclosión industrial junto a ríos y zonas de conexión ferroviaria.

[2] Fernández Gómez, Julio A., Buscando el pan del trabajo, 2004. Sobre la industrialización franquista y sus costes sociales en Villaverde entre 1940 y 1965.

[3] La configuración actual de la industria y el sector logístico continúa teniendo el mismo esquema geográfico que el iniciado durante el periodo industrializador franquista, manteniendo al Sur-Este las zonas productivas de actividades de producción, y las zonas productivas de actividades del sector financiero y de servicios en el área Nor-Oeste.

[4] Fernández Gómez, Julio A., Buscando el pan del trabajo, 2004.


ARTÍCULO ESCRITO POR ALEJANDRO LÓPEZ


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