Arquitectura googie I

Contexto populuxe

Tal vez el estilo googie no resulte familiar, pero si hablo del famoso cartel de “Welcome to fabulous Las Vegas”, las llamativas decoraciones de luces de neón, las coloridas cafeterías de Los Ángeles en los años 60 e incluso la fabulosa mansión de Los Increíbles 2 (2018), seguramente ya te hagas una idea.

Cafetería Ships en Los Ángeles, 1958

Imagen obtenida de Los Ángeles Conservancy

Interior de la mansión de Los Increíbles 2

Imagen obtenida de Revista AD

Como buen hijo de su tiempo, el estilo googie tuvo lugar gracias al momento histórico donde se desarrolló. Por ello, en este primer artículo hablaremos del contexto populuxe.

Populuxe fue un sueño. Tan contradictorio, edulcorado, redundante y popular como novedoso. El sueño de la clase media americana en el período comprendido entre los años 1954 y 1964: una época donde todo se compraba y todos podían comprar de todo.

Populuxe, como la mayoría de cosas de la época, es una palabra sintética que describe la mentalidad tan disparatada que la caracterizó: lujo popular. Porque a pesar de estar marcados por el consumismo, el estilo googie (que recoge diseños correspondientes al populuxe) habla del amor por los objetos materiales en un tiempo altamente materialista.

La abundancia descartaba la necesidad de compartir y las oportunidades y el crecimiento económico alimentaban el optimismo de los estadounidenses. Los avanzados medios de producción junto con la fabricación en serie y las nuevas materialidades abrieron una infinidad de posibilidades al mercado de esta década.

Cualquier objeto podía ser de culto: los más cotidianos y prácticos adquirieron formas extraordinarias y se conseguían en una gama infinita de colores, y los más exóticos o raros se volvieron comunes. Las oportunidades del mercado de masas hicieron posible el bienestar de todos, que se celebró vulgarmente con el consumo que demostraba que todos podían tener cosas. Ciertamente muchos de los objetos que se compraban eran de mala calidad o incluso inútiles, pero eran divertidos.

Anuncio de la marca Crosley publicado en la revista Life, 1953

Imagen obtenida de The House of Googie

Lo importante de los objetos no era su utilidad, sino su significado. Así aparecieron los coches con estructura aerodinámica que difícilmente alcanzaban la velocidad que su diseño anticipaba, pero eso no importaba porque los coches significaban algo más que velocidad y utilidad. Incluso la elección del modelo podía reflejar las diferencias ideológicas entre los americanos.

Anuncio del Studebaker, 1956. Los dueños de este coche se solían identificar como votantes del partido demócrata

Imagen obtenida de Old Car Advertising

La llegada del televisor supuso la modificación de los hogares y la vida de los americanos. Los salones y los espacios se organizaban alrededor de este aparato y los horarios estaban condicionados por la programación. También,  a través de la televisión, la publicidad encontró el medio ideal para dar forma al imaginario colectivo materialista, que acabó definiendo el intenso consumo de la época.

Los académicos siempre rechazaron el estilo googie, ya que se trataba de un gusto popular, y eso se consideraba poco refinado. Aunque eso no afectó a la clase media, tan enamorada de si misma que continuó endulzando el sueño a base de compras.

Pero el sueño no fue dulce para todos: la descripción que los anuncios hacían del americano medio se ajustaba a un porcentaje muy reducido de población. En este sentido, los objetos también ejemplifican los acontecimientos sociales: el éxodo rural y los crecientes suburbios marginales en las grandes ciudades enfrentaron las dos américas, la pobre contra la pudiente. Aun así, la integración fue la gran batalla del país en esta década, que no pudo evitar fijarse en cuantos fueron excluidos de todos los beneficios de una época tan rica y próspera.

La incógnita acerca de la reducida herencia material que dejó un período tan adicto a la materialidad se podría resolver desde dos teorías. Por un lado, el estilo googie, popular, y por tanto desconsiderado por autoridades académicas, no merecía el esfuerzo de conservación. Por otro lado, aunque tal vez complementaria a la primera teoría, se reconoce que la abundancia restaba particularidad a los objetos. Los placeres eran comunes y nada era paradigma de sí mismo, nada funcionaba como monumento ejemplificador de la época en su particularidad, sino que el conjunto hacía el éxito.

En cuanto a la arquitectura de este período, que explicaremos en detalle en el siguiente artículo, los materiales modernos por excelencia (hormigón, acero y vidrio), se combinaron con el sinfín de opciones que comenzaron a aparecer con la industria (plásticos, maderas industriales, bloques de vidrio, etc.) y eso, junto con nuevos métodos constructivos, posibilitaron la aparición de estructuras novedosas y futuristas.

Restaurante McDonald’s, 1955. Ejemplo de arquitectura googie comercial, caracterizada por una estructura llamativa, luces de neón, grandes carteles y un diseño principalmente pensado para el uso del automóvil

Imagen obtenida de The House of Googie

La era espacial fue la principal fuente de inspiración para la arquitectura comercial, por esta razón es recurrente encontrar cohetes, estrellas, y otros motivos espaciales en cafeterías, restaurantes, moteles e incluso lavaderos de coches. Además, el auge del automóvil hizo necesario que la arquitectura funcionara de reclamo publicitario siendo visible para los conductores que paseaban en sus vehículos a altas velocidades, por lo que se recurrió a las imponentes estructuras, las luces de neón y los llamativos carteles que la caracterizó.

Populuxe fue un sueño. Tan contradictorio, edulcorado, redundante, popular y novedoso como equívoco, apático y fallido. Pero también fue esplendido. Tan esplendido que lo único malo del sueño fue despertar. Y a pesar de la magia que rodea tan enigmático y pintoresco momento de la historia estadounidense, muchas de sus actitudes dieron forma al entorno que vivimos hoy.

Stardust Hotel y Casino en Las Vegas, 1965.

Imagen obtenida de Vintage Las Vegas


ARTÍCULO ESCRITO POR Ana Castellano


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